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Es sólo una cuestión de ingeniería a la hora de construir los tubos lo que implica la necesidad de colocar un tubo de ánodo rotante o un tubo de ánodo fijo.
El ánodo es el lugar del tubo donde impactan los electrones a una velocidad tan elevada, que el choque produce tanto calor en el ánodo que se puede llegar a fundir literalmente. Para que se disipe este calor, podemos hacerlo construyendo ánodos de gran tamaño (a mayor tamaño más disipación de calor) o hacer un ánodo en forma de disco que vaya girando (a unas 3.000 r.p.m.), de tal manera que los impactos de los electrones vayan cubriendo toda su corona circular (de esta manera en realidad, aunque el sitio donde impactan los electrones sea pequeño [mancha focal], el tamaño del ánodo es muy grande y por lo tanto disipa más calor).
Evidentemente a más potencia del equipo más calor se genera. Pero cuanto más pequeño es el ánodo más nitidez de imagen obtendremos. Para equipos superiores a 15KW es obligatorio poner un ánodo giratorio ya que el tamaño de ese mismo ánodo si fuera fijo, sería tan grande que no se podría tener una imagen nítida. Pero con menos de esa potencia se puede tener un ánodo fijo con tamaños médicamente aceptables.
Nuestros ánodos tienen 0.6mm de tamaño (el foco fino) y 1.3mm de tamaño el foco grueso, esto es, que con la ayuda de un negatoscopio, el veterinario puede apreciar nódulos superiores a 0.6 ó 1.3mm de diámetro respectivamente.
Es una equivocación pensar que un ánodo giratorio es mejor que uno fijo, lo que importa es que el tubo esté homologado bajo la normativa CE y los tamaños de sus focos sean inferiores a 1 y 2mm.
Es simplemente un problema de ingeniería, que no influye en la vida media del tubo ni en la capacidad diagnóstica.
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